Piropeadores

Piropeadores

O LA VIOLENCIA SEXUAL SOCIALMENTE ACEPTADA

Siendo este un tema que realmente nos precoupa, sobre todo por lo asumido y aceptado que está en la sociedad – aunque afortunadamente cada vez empieza a estarlo menos gracias a los artículos, vídeos y en general movimientos que se están creando para darle visibilidad y denunciarlo – no podíamos dejar de compartir este texto que se publicó en Craiglist.

Craiglist es una página web de anuncios muy conocida en EEUU; una de sus secciones más conocidas se llama “Missed Connections”, Conexiones perdidas, y en ella hombres y mujeres publican anuncios breves tratando de contactar con personas con las que se han cruzado en el metro, en un ascensor, haciendo la compra… y a las que por timidez o cualquier otro motivo no les propusieron una cita o les pidieron su número de teléfono en ese momento. (El precursor de la aplicación Happn, claramente)

La sección recibe miles de anuncios cada mes del tipo: “A la chica con una tijeras tatuadas en el brazo: Ayer viajamos juntos en el metro. Te dije que me gustaba tu tatuaje. Me gustaría quedar contigo”

Se han hecho incluso varias películas basadas en el fenómeno porque son muchas las parejas estadounidenses que afirman haber comenzado su relación gracias a esta sección; parece ser que igual que uno revisa su email, Facebook o Twitter una – o varias – veces al día, en algunos lugares del mundo es además habitual revisar las Missed Connections de Craiglist para ver si de camino al trabajo o mientras hacías la compra has enamorado a alguien.

Este anuncio fue publicado en la sección Missed Connections de Minneapolis por una chica de 20 años. Lo único que hemos hecho ha sido traducirlo, el mérito es todo suyo. Muy fans de esta chica.

La rubia a la que gritaste – w4m

(de mujer a hombre) – American Blvd./34th Ave

La escena: Viernes a las 16:30 de la tarde, cruce de American Boulevard y la Avenida 34.

Tú: Hombre de mediana edad, pelo oscuro, piel bronceada, conduciendo un SUV verde y llevando el tipo de polo rojo que os encanta llevar los viernes a todos los idiotas corporativos para poder hacer fácilmente la transición del modo día al modo noche (asumiendo que “día” es un trabajo genérico de oficina bien pagado y “noche” probablemente una breve “Happy Hour” en cualquier bar antes de que tengáis que volver al extrarradio parando a coger una peli para los niños de camino a casa.)

Yo: 20 años, pelo rubio, vestido negro ajustado, sandalias de gladiador y esperando en el cruce para coger el tranvía que me lleve a casa.

 Sé cómo funciona. Suena el timbre de salida anunciando que empieza el fin de semana y te da un subidón de adrenalina que solo se puede sentir los viernes por la tarde cuando el mundo entero se convierte en tu ostra y lo único que necesitas es libertad para sacarlo de su concha y una cerveza para hacerlo bajar. Así que mantienes la mínima conversación posible con tus compañeros de trabajo mientras corres hacia el desolador parking corporativo para coger tu coche y te emocionas pensando en que has sido tan rápido que esta vez no vas a comerte ningún atasco. Tal vez en tu emisora de rock clásico preferida empieza a sonar tu canción favorita tan pronto como arrancas el motor y te sientes extra afortunado. Y en este punto es donde se encuentra tu psique cuando te aproximas al cruce para girar en la Avenida 34 – eres un hombre sin nada que perder y una carretera vacía como horizonte.

En ese momento es cuando me ves, sola en mitad de la calle, esperando a que cambie el semáforo para cruzar a la parada del tranvía. Si hubieras mirado detenidamente podrías haber notado que tenía cara de cansada, cara de necesitar un poco de paz y tranquilidad después de un día agotador. También podrías haber visto que llevaba un montón de papeles en los brazos y haber deducido entonces que tengo una profesión muy demandante y que probablemente me esperaba un duro fin de semana de más trabajo. Desafortunadamente y basándome en lo que sucedió a continuación, asumo que no te diste cuenta de ninguna de estas cosas o que si lo hiciste decidiste que todas ellas eran mucho menos importantes que el hecho de que yo tuviera dos piernas pegadas a un culo.

Así que ahí estábamos. Yo, ocupándome de mis asuntos. Tú, aparentemente mirándome el culo. En este punto tenías opciones. Podrías haber seguido de largo y no haber dicho nada. Podrías haber subido el volumen de la radio y haberme saludado con una sonrisa haciendo que fluyera entre nosotros un cierto sentido de camaradería. Podrías haber gritado ¡Feliz Viernes! Cualquiera de estas opciones habría estado genial. Probablemente yo te habría devuelto el saludo, habría sonreído y comenzado mi fin de semana con un poquito del mismo entusiasmo que estabas sintiendo tú.

En vez de eso elegiste la opción más patética que tenías a tu disposición: sacaste medio cuerpo por la ventanilla y comenzaste a hacer una serie de comentarios lascivos y ridículos acerca de si yo llevaba tanga debajo del vestido. Tan pronto como cambió la luz del semáforo saliste derrapando, satisfecho contigo mismo y a salvo de cualquier consecuencia.

Si te hubieras quedado un rato más yo también te podría haber gritado muy alegremente unas cuantas cosas; como por ejemplo que son los tipos como tú los que hacen que haya mujeres que eviten andar solas por la calle o usar el transporte público incluso a plena luz del día y en sus propias ciudades; que independientemente del estilo de la frase que elijas decir, interrogar a una desconocida en la calle sobre su ropa interior no es un piropo; que gracias a ti yo iba a pasarme todo el trayecto hasta mi casa sintiéndome observada, ordinaria e incómoda porque tú no habías tenido ni la voluntad ni la madurez de mantener la boca cerrada; que tu mujer y tus hijas, o como mínimo tu madre, se merecen en sus vidas algo mejor que un hombre cobarde que grita y violenta a las mujeres desde la seguridad de su coche.

Permíteme que deje esto perfectamente claro, a ti y al resto de hombres que leáis esto: cuando haces comentarios sobre el aspecto físico de una mujer no lo estás haciendo por ella. Lo estás haciendo por ti. No es una forma magnífica de hacer que esa mujer se sienta sexy y apreciada. No es halagador, incluso aunque esa sea tu intención. Lo único que es, es una manera de crear una dinámica de poder de mierda mediante la cual tú te eriges árbitro del valor de una mujer y la declaras follable y encima de eso entiendes que ella debe sentirse halagada y contenta por tu juicio.

Así que si realmente encuentras atractiva a una mujer no optes por la opción inmadura que a ella le hará sentirse cuando menos incómoda y a ti quedar como un gilipollas. Respira hondo, grábate la imagen de esa mujer en la memoria si quieres, y sigue con tu vida. O, si realmente tiene un culo tan formidable que no crees que puedas sobrevivir sin comentarlo, escríbeselo después en el Missed Connections de Craiglist y deja que sea ella la que decida qué hacer al respecto.”

***

¡Simplemente genial! ¿No os lo parece?

Y es que lo que muchas personas siguen considerando inofensivo “galanteo”, es en realidad una forma de agresión verbal y sexual; y para quienes consideren que esta afirmación es una exageración, esta es la definición de lo que constituye violencia verbal:

Violencia verbal es aquella en la cual por la elección de palabras, entonación y volumen de voz se trata de dominar e intimidar a otra persona, logrando provocar en la víctima sentimientos de vergüenza, humillación, impotencia, rabia, inutilidad y vejación.

¿Sigue pareciendo una exageración? Tener unos pechos generosos, las piernas largas, el culo respingón o simplemente tener la mala fortuna de pasar sola delante de alguno de estos “piropeadores” es motivo suficiente para ser la destinataria de este tipo de piropo/agresión que en el mejor de los casos nos hace sentir avergonzadas, humilladas e incómodas y en el peor, asustadas.

Desde pequeñas las mujeres interiorizamos que es aceptable que un hombre evalúe nuestro cuerpo y nos dé su dictamen, aunque sea en público y a voz en grito; hemos interiorizado hasta tal punto ese “derecho” masculino a juzgar nuestra valía (valía=aspecto físico) que el hecho de que no suceda, por ejemplo pasar delante de una obra y que no te griten alguna obscenidad, ¡puede hacernos sentir inseguras con nuestra imagen! (¡¿Tan mal me queda esta falda?!) mientras al mismo tiempo antes de pasar por delante de esa obra practicamente todas las mujeres habremos bajado la cabeza y acelerado el paso porque nos tememos lo que nos espera.  Y esta es nuestra “normalidad” como mujeres.

En la actualidad el mal llamado “piropo” es una de las formas de violencia de género más aceptada y extendida en la mayoría de las sociedades porque este tipo de acoso basa su legitimidad en ideas socialmente muy arraigadas como la culpa de la mujer por excitar sexualmente al hombre (por eso es muy común escuchar justificaciones del tipo “¿Cómo quiere que no le digan cosas vistiendo como viste?”), la idea de que la mujer es básicamente un objeto de placer masculino (como muestra véase cualquier anuncio) o la dominancia del hombre sobre la mujer (por eso es rarísimo que una mujer acompañada de un hombre sea objeto de estos “piropeadores”; ellos entienden que esa mujer ya tiene “dueño” y por tanto la dominancia le pertenece a otro).

Al hombre que dice el “piropo” no le importa nada que la mujer que lo recibe no le haya pedido su opinión sobre su aspecto físico o que se sienta incómoda o incluso aterrada cuando lo recibe. Es su derecho de hombre. Es una reafirmación natural de su masculinidad. En su subconsciente las mujeres siguen teniendo como finalidad el alegrarles la vista a ellos y a eso se le suma el que encuentran cierta satisfacción sexual en el poder que les da esa invasión y dominación sobre esa mujer, aunque solo sea mediante la palabra.

Aceptar el piropo como una forma de galanteo es un residuo más de la cultura patriarcal y machista que nos hace considerarlo como algo natural, aunque ciertamente incómodo, en vez de una agresión verbal.

El efecto que producen estos “piropos” en las mujeres es sumamente negativo, aunque sea un hecho frecuente y forme parte de nuestra cotidianeidad. La primera sensación que siente la mujer “piropeada” es la de vergüenza: su intimidad queda expuesta públicamente y sin su consentimiento, después normalmente le siguen el temor, la culpa y, por último, el enfado y la rabia.

Los expertos coinciden en que la mejor forma de reaccionar a este tipo de agresión es aferrarse al enfado; hay que responder, aunque sea a posteriori como la chica del anuncio. Cuando respondemos estamos asumiendo internamente que el equivocado es el otro y no damos pie a que se asienten en nosotras la vergüenza o la culpa. La mujer que reacciona rompe el mecanismo que la sitúa en el lugar de la víctima y que la encamina a sentirse merecedora de la agresión.

La actriz argentina Malena Pichot abordó el tema de una forma muy irónica en este video llamado “Piropos” (en Latinoamérica casi el 100% de mujeres afirma ser víctimas habituales de este tipo de agresión o acoso)

“Piropos” de Malena Pichot

piropos y acoso sexual callejero

Aunque en España las cosas han cambiado bastante y ya no es una ocurrencia tan común como lo era hace solo unos años el que te increpen obscenidades por la calle cada 100 metros o te metan mano habitualmente en el metro, se siguen dando estas situaciones sin que nadie haga mucho al respecto, aunque solo sea condenarlo en voz alta para que el “piropeador” se sienta como lo que realmente es, un agresor.

De la misma manera que hace unas décadas la idea de la violencia doméstica era considerada una parte natural de las relaciones familiares y había mujeres que se consideraban afortunadas porque sus parejas solo las pegaban “lo normal”, el abuso verbal callejero es un tipo de violencia de género mucho más sutil pero que igualmente atenta contra los derechos de la mujer porque es también una forma de discriminación de género; a  pesar de ello a día de hoy sigue sin considerarse como tal aunque el número de movimientos e individuos que lo exigen no pare de crecer.

Hollaback! cuya finalidad es conseguir que aumente la alerta y el rechazo social frente al acoso callejero al que son sometidas las mujeres es probablemente el movimiento más conocido y extendido de todos ellos; en la actualidad está presente en 62 ciudades de 25 países distintos y opera en 12 idiomas, así que parece que los piropeadores no son solo el problema de unas pocas frígidas o estrechas que no son capaces de sentirse halagadas por un piropo. ¿Verdad?

Llamadme rara, pero a mi no me halagan los desconocidos que me consideran lo suficientemente apetecible como para hacerme un traje de saliva y me lo dicen en la calle y en voz alta ya que ellos no tienen pelos en la lengua porque yo no quiero. A mi me halagan los hombres, desconocidos o no, que a pesar de ser hijos de esta cultura nuestra y de tener el amparo y la complicidad de los medios y de gran parte de la sociedad no me cosifican por el hecho de que yo sea mujer (y los trajes de saliva los hacen solo por encargo y en privado).

Y es que aunque cada vez haya más hombres que entiendan que opinar en público y a viva voz sobre cualquier parte de la anatomía de una mujer es una falta de respeto y una agresión además de una violación de nuestros derechos, sigue habiendo muchos otros a los que se les olvida que las mujeres, al igual que los hombres, tenemos derecho a andar tranquilas por donde nos de la gana, de día o de noche, sin temor a ser agredidas física o verbalmente independientemente de nuestro aspecto físico o de la ropa que decidamos llevar.

Que no se nos olvide y que no pueda seguir olvidándoseles a ellos.

Al próximo “piropeador” de esta calaña con el que tengamos la mala suerte de cruzarnos llamémosle agresor en el tono de voz más alto que podamos emitir. Con casi total seguridad la gente que nos oiga nos mirará como si estuviéramos locas, pero si conseguimos que el infame en cuestión se lo piense dos veces la próxima vez que sienta el impulso de avergonzar, intimidar y asustar a una de nuestras congéneres, ¿qué más dan unas cuántas miradas?  ;-)

piropos y acoso sexual callejero

Anuncios

¡Nos encantará leerte!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s