Pequeñines SÍ, Gracias

 pequeñxs empresarixs y emprendedorxs

Hace meses leí en la prensa una historia que se ha quedado conmigo porque era un reflejo claro de lo poco que hace falta a veces para cambiar las cosas y también del “despiste” generalizado en el que vivimos.

El artículo contaba la historia de una mujer (madrileña) que siempre había soñado con ser carnicera y que un día se topó con una pequeña carnicería de barrio en venta. A pesar de que ella y su pareja estaban los dos en paro y de que la situación en que se encontraban era difícil, cuando vio la pequeña carnicería en venta sintió que tal vez los planetas se habían alineado a su favor y no en su contra y que iba a hacer uso del “no hay mal que por bien no venga” invirtiendo todo el dinero de su despido, que guardaban como oro en paño en previsión de tiempos aún más difíciles, e iba a hacer realidad su sueño mientras aseguraba el sustento de su familia.

Pocos meses después de abrir la carnicería se encontró con que estaba al borde de la ruina; nadie entraba en su negocio. De poco servían su amabilidad, simpatía y don de gentes o el que su mercancía fuese siempre de la mejor calidad y sus precios estuvieran ajustados al máximo porque los vecinos del barrio, pasados los primeros días de “curioseo”, no habían vuelto a entrar en su tienda.

Con la certeza de que había poco más que ella pudiera poner de su parte concluyó que lo que necesitaba era un poquito de “colaboración” ajena e hizo el último intento por salvar su negocio (y a su familia) escribiendo una carta a los vecinos del barrio que fue buzoneando personalmente por todos los portales. En la carta venía a contarles esta historia que he resumido yo aquí y les hacía la promesa de que su género sería siempre de calidad y sus precios ajustados, y a cambio les pedía que ellos, de vez en cuando, se acordasen de comprar en su tienda un par de filetes o la carne para el cocido.

Les explicaba que ella (y su negocio) no necesitaban ni aspiraban a que todos los vecinos dejaran de comprar la carne en la gran superficie en la que cada uno de ellos comprase habitualmente sino solamente a que, de vez en cuando, pongamos una vez a la semana, eligieran pasar por su tienda de camino a casa y se llevaran un poco de carne fresca para la cena de esa noche. Esas pequeñísimas compras semanales serían suficientes para que su negocioso fuese viable y toda una familia tuviera unos ingresos que les permitieran vivir.

Y los vecinos reaccionaron, y su negocio se salvó.

Y yo estoy convencida de que al leer esa carta muchos vecinos debieron pensar que cómo era posible que no hubieran caído ellos antes. Porque así andamos todos de despistados.

Desde hace más de 10 años la creación de empleo en Europa se la debemos principalmente a las pequeñas empresas y a los trabajadores autónomos. Ellos y ellas han sido los responsables del 85% de los puestos de trabajo que se han creado en este tiempo, ¡ahí es nada¡

A día de hoy, en España, el 67% de las personas que tiene trabajo en este desastre de país nuestro lo tiene gracias a una de esas pequeñas empresas y negocios o porque se lo ha creado ella misma y se ha establecido como autónoma, y a pesar de ello nuestros hábitos de consumo siguen dedicándose a “engordar” a los grandes olvidándose muy a menudo de los pequeños.

Está claro que la economía aprieta y los pequeños comerciantes, artesanos o emprendedores no pueden ofrecer las ofertas que lanzan las grandes empresas, ¡juguetes al 50%! Pero si nos parásemos a pensar un poco veríamos que la mayoría de las veces la solución es tan sencilla como encontrar el equilibrio entre nuestras necesidades de consumo, nuestras finanzas y nuestra ética y comprar 2 juguetes “baratos” y 1 a un pequeño artesano o comerciante. Gastaríamos el mismo dinero y estaríamos contribuyendo a un sistema más justo y a un mejor reparto de la riqueza.

No vamos a entrar en este post en los tipos de sistemas de producción ni en los salarios y condiciones laborales de los trabajadores de muchas esas grandes empresas porque a estas alturas de la partida todos sabemos por qué la mayoría de ellas se pueden permitir vender a los precios a los que lo hacen; pero sí creemos que es importante que recordemos todos que emplean solo al 33% de la población trabajadora y que el 71% del fraude fiscal en España proviene de las grandes empresas y patrimonios ¡Unos 90.000 millones de euros anuales! que se “pierden” cada año debido a sus trampas fiscales y sin embargo el 80% de los escasos recursos humanos de la Hacienda Tributaria se destinan a investigar, revisar y combatir el fraude fiscal de trabajadores, autónomos y pequeñas empresas.

No pretendemos demonizar a nadie porque cada uno sabemos nuestras circunstancias y las de nuestra economía y además los grandes y pequeños negocios pueden coexistir si todos nos hacemos destinatarios mentales de una carta como la que escribió a sus vecinos la carnicera de la historia; “no os pido que me compréis solo a mi, solo que os acordéis de comprarme algo de vez en cuando”.

El comercio local dinamiza los barrios y la economía y es perfectamente sostenible si nos lo proponemos; en una época de destrucción de empleo tan terrible como la que estamos viviendo tendríamos que hacer todos un esfuerzo extra para que así fuera porque da trabajo a muchísimas personas pero es que podría dárselo a muchísimas más con tan solo acordarnos de esos artesanos y emprendedores a los que seguimos y gusteamos en Facebook cuando tengamos que hacer un regalito; de esa sala de teatro y tantas otras iniciativas culturales alternativas que cada vez más se ofrecen en los barrios cuando planeemos nuestros fines de semana; de la pequeña librería-papelería de la esquina cuando queramos un nuevo libro que leer o simplemente nos demos cuenta de que necesitamos un boli; de la carnicería o frutería que queda cerca de casa cuando planifiquemos los menús de la semana; de esa tiendecita tan mona que han abierto unas calles más arriba cuando queramos tener un detalle con nosotros mismos…

En estas fechas en que andamos envueltos en la vorágine de comprar regalos como locos porque al final nos pilla el toro, el trineo de Santa Klaus y los camellos de los Reyes Magos, es importante hacer ese esfuerzo mental extra porque son (somos) muchas las personas que dependen de que como consumidores no nos dejemos arrastrar por la corriente y la costumbre. Y cuando pasen estas fechas, seguirán siendo esas mismas personas las que seguirán necesitando que nos paremos un segundito a pensar antes de comprar para que ellas puedan vivir, crear, trabajar y dar de comer a sus familias.

Pensemos. Aprovechemos que sigue siendo gratis y que (aún) no hay ley que nos lo prohíba. Pensemos, y actuemos en consecuencia.

Artesanos y pequeños comercios

 

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