Lo perfecto es ser imperfecto

La muñeca real; porque lo perfecto es ser imperfecto.

Aunque en su día tratamos de evitarlo por lo horrible de lo que representan, nuestro muso acabó – con mucha insistencia por su parte – siendo propietario de 2 muñecas estilo Barbie y Monster High. Apenas ha jugado nunca con ellas – y cuando lo hace suele ser para que las devoren sus dinosaurios de plástico – pero solemos estar pendientes para, si le vemos con alguna de ellas en la mano, hacer algún comentario del tipo “Esa chica está realmente muy delgada, ¿es así por constitución o es que te estás olvidando de darle de comer?” o “Con esos pies tan raros, de puntillitas, es normal que la atrapen siempre los dinosaurios, así no puede correr ni defenderse bien” o “¿Has visto alguna vez a una chica que se parezca a tu muñeca?”; y es que aparte de negárselas, que no nos pareció buena idea al final porque solo íbamos a conseguir que las quisiera aún más, no nos queda otro remedio más que intentar contrarrestar el efecto que pudieran tener sobre su mente y sus expectativas esas mujeres ideales tan pero tan distintas a las mujeres reales. Hacerle entender que lo perfecto es ser imperfecto porque la perfección no existe en la realidad.

Independientemente de cuánto nos empeñemos nosotros y de cómo les eduquemos, siempre habrá niñxs que insistan en jugar con muñecas, en ser princesas o superhéroes o ver películas Disney, por eso celebramos tanto cuando aparece alguna alternativa que nos “contenta” a ambas partes: princesas que tal vez vayan de rosa y lleven corona pero que a la vez son independientes y aventureras; las muñecas científicas de Lego en contraposición a esa otra línea de figuritas femeninas que solo regentaban peluquerías, salones de belleza o tiendas de ropa; Cocinitas, sets de limpieza, maletines de herramientas y tantos otros juguetes fabricados en colores que no les asocien a ningún género; es decir todo aquello que represente estereotipos para dedicarse a irlos desestereotipando. Los que conocéis nuestras ilustraciones sabéis que es un tema muy favorito nuestro :)

Lo que os queremos contar en este post, es uno de esos casos. Todo empezó cuando Nickolay Lamm, un artista estadounidense, quiso regalar una muñeca y tras acercarse a una tienda a comprarla se percató de cómo eran y qué aspecto tenían prácticamente la totalidad de las opciones disponibles en la juguetería; la imagen de todas esas muñecas le pareció tan dañina que no solo no compró ninguna sino que además abandonó la tienda decidido a hacer algo al respecto.

Esta imagen de Cómo sería Barbie si representase a una mujer promedio real en la que muestra la muñeca que creó Lamm junto a una Barbie común dio la vuelta al mundo y ayudó a reabrir e intensificar el debate sobre los nocivos e imposibles cánones de belleza a los que estamos sometidas las mujeres y la influencia que la exposición constante a ese ideal inalcanzable tenía sobre las mentes de lxs niñxs.

Barbie vs real women

En vista del éxito, de la multitud de comentarios positivos e incluso el número de ofertas para comprar la muñeca que recibió Lamm, decidió lanzar un proyecto de crowfunding que le permitiese conseguir el dinero suficiente con el que poder diseñar y comercializar una muñeca más real. En seguida consiguió su objetivo y Lammily, la muñeca realista, ya es una realidad que está a la venta (con gastos de envío incluidos por unos 26€).

Lammily

Lammily representa a una chica joven con una estatura y proporciones promedio; es decir, no todas las chicas miden y pesan lo que ella pero sí que sus medidas son reales y le dan el aspecto de una persona real (la muñeca tiene como base las medidas y estatura promedio de las chicas de 19 años estadounidenses.)

En este vídeo – solamente disponible en inglés – en el que le presentan a Lammily a un grupo de niñxs de unos 8 años (y en el que trsitemente solo hay un niño dando su opinión), todas las niñas le encuentran parecido con una persona que ellas conocen: “Se parece a mi hermana”, “¡Se parece mucho a mi tía Katie!”, “Se parece a mi mamá”… Pero lo que más gratamente nos ha sorprendido ha sido ver que cuándo les daban una Barbie y una Lammily y les pedían que pensaran primero en actividades y luego en profesiones para cada una, la diferencia en las respuestas era abrumadora. A Barbie la veían haciendo surf y siendo modelo o maquilladora; a Lammily en cambio la veían siendo gimnasta, profesora, informática o piloto. ¡Bien!

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Otra de las cosas que nos encantan, además de las manos y los pies articulados que la permiten hacer y no solo posar, es la historia que acompaña a Lammily dentro del paquete en el que viene guardada, en ella se explica que Lammily es una viajera y sus aventuras por el mundo (y por supuesto lleva la ropa adecuada para ello: pantalón corto, camisa vaquera y unas deportivas); pero es que además todos los conjuntos de ropa extra que se pueden comprar para Lammily están compuestos por prendas bastante funcionales que incluyen siempre zapatos planos, sin escotes ni minifaldas de vértigo y que tienen nombres tan sugerentes como “Explorando Río”, “Celebrando Dinamarca” o “Aventura en Escocia”.

Lammily

Pero lo MEJOR sin duda alguna, es un pack de “marcas” que se puede comprar para Lammily por algo menos de 5 euros y que contiene granos, lunares, raspones, tatuajes, celulitis, cicatrices, estrías… 38 pegatinas con fondo transparente y reutilizables con las que hacer que Lammily sea aún más real.

Lammily

Para los que aún sigan pensando en que el tipo de muñecas con el que jueguen nuestros niñxs no les afecta, existen varios estudios que han demostrado que las niñas de 6 a 10 años que juegan habitualmente con muñecas delgadas comen menos que las que juegan con muñecas de medidas normales y, aún más alarmante si cabe, que tienen mucho peor concepto de sus cuerpos e idealizan la delgadez equiparándola con conceptos como éxito y belleza. Así que resulta evidente que al igual que lo hacen la publicidad, las películas, las revistas, etc. jugar con muñecas que promueven una imagen imposible también fomenta la inseguridad y merma la autoestima.

A día de hoy un 53% de las niñas de 13 años, es decir recién entrando en la adolescencia, aseguran no estar contentas con sus cuerpos y su aspecto en general; para cuando llegan a los 18 años el porcentaje de chicas que dice que no le gusta su cuerpo ha aumentado hasta un 74%.

Por todas estas razones celebramos iniciativas como la de Nickolay Lamm, porque aunque Lammily tenga ciertamente pegas – no tiene pezones ni vulva pero en cambio sí tiene una melenaza a lo L’Oreal y unas facciones consideradas estereotípicamente “bellas” – es un paso adelante en el largo camino para acabar con los ideales imposibles y los juguetes que en vez de motivar las mentes de nuestrxs niñxs lxs dañan y les hacen crecer sintiéndose inadecuadxs.

Como adultos tenemos el poder de elegir, lo que elijamos tendrá poder sobre lo que elegirán nuestros niñxs.

Post publicado originalmente en Diciembre de 2014 en nuestra antigua web

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