El muso y el Spanglish

Crecer en dos idiomas

A sus casi dos años y medio el muso está en plena ebullición lingüística y todos los días nos sorprende con palabras y expresiones nuevas y con explicaciones cada vez más enrevesadas en las que mezcla su lengua de trapo con palabras en español y en inglés.

Y es que cuando el muso todavía era un bollito en el horno la tía decidió que quería hacerle un regalo a la altura de los dones que le regalaron las hadas a la Bella Durmiente. Contando con que la belleza, la bondad y la inteligencia las iba a traer de fábrica (la tía tiene en gran estima y consideración a sus progenitores) concluyó que una de sus posesiones más valiosas y útiles (además de costosas en todos los sentidos) eran los idiomas que había aprendido y que por lo tanto ese sería su regalo para el muso, un segundo idioma.

Cada vez más padres son conscientes de la ventaja que les supondría a sus hijos hablar un segundo idioma y del hecho de que cuanto antes comiencen a aprenderlo más fácil les resultará conseguirlo y gracias a que en los últimos años se han ido desmontando aquellos mitos sobre los supuestos perjuicios de criar a los niños en un ambiente bilingüe cada vez son más los que buscan la manera de hacerlo posible. Lo que la mayoría de la gente desconoce aún es que las ventajas de la educación bilingüe van mucho más allá de las futuras oportunidades laborales y como precisamente esas otras razones extra fueran las que acabaron de decirdirnos a intentarlo a pesar de lo difícil de la tarea, hemos decidido compartirlas por si alguien está en la misma tesitura que se nos planteó a nosotros y necesita ese empujoncito final; mientras, el muso revolotea a nuestro alrededor parloteando en Spanglish.

En 1962 vió la luz uno de los estudios claves en el campo del bilingüismo (realizado por Elizabeth Peal y Wallace Lambert en la Universidad McGill en Montreal); en él descubrieron que la habilidad de hablar más de un idioma no entorpecía el desarrollo general del niño como se venía afirmando hasta entonces sino más bien todo lo contrario; realizando 15 test distintos (verbales y no verbales) en personas con un mismo nivel educativo y socioeconómico, descubrieron que los resultados de los que habían crecido en casas bilingües superaban en todos los test a aquellos de los que lo habían hecho en ambientes monolingües.

A partir de entonces el número de estudios acerca de los beneficios del bilingüismo se disparó y sobre todo en los últimos años ha recibido muchísima atención. Todos los niños nacen con una capacidad lingüística equiparable a la de un genio pero esa capacidad va disminuyendo paulatinamente y a partir de los 7 años comienza a descender en picado. Usando una técnica nueva se ha descubierto que los cerebros de los bebés bilingües de 8 meses registran sonidos pertenecientes a cualquier idioma desconocido mientras que el cerebro de los bebés monolingües de la misma edad no los registra. Este estudio revela que en el cerebro de los niños bilingües se abre una “ventana” que les facilita el aprendizaje de nuevos idiomas durante toda la vida.

Cuantos más estudios se realizan más beneficios se descubren. Ellen Bialystok, una psicóloga de la Universidad de York en Toronto, demostró que los niños bilingües tienen más desarrollada una parte del cerebro conocida como sistema ejecutivo (es la parte utilizada para ponernos metas, diseñar planes y mantenerlos, autorregularnos, monitorizar tareas, seleccionar comportamientos, etc.). Este desarrollo extra les permite por ejemplo descartar información irrelevante y centrarse en la que es fundamental para la tarea que tienen entre manos y gracias a esto destacan en aspectos como la gramática y la resolución de problemas.

Además se ha demostrado que el estímulo intelectual extra que reciben los niños bilingües refuerza su capacidad de abstracción lo que les da ventajas notables en campos como las matemáticas y la lectura.

Sumando todo esto a las oportunidades que brinda el hecho de poder comunicarte en el segundo y tercer idioma más hablados en el mundo y teniendo en cuenta el esfuerzo y los años que supone el poder aprenderlo después, lo lógico es que, de tenerlo, compartamos ese conocimiento con nuestros niños del mismo modo en que compartimos el resto: leer, montar en bici, cocinar…

Estos son algunos de los mitos más extendidos sobre la crianza en dos idiomas y nuestras aportaciones al respecto:

  • Los niños tardan más en aprender a hablar: La adquisición del lenguaje varía en cada niño y el hecho de convivir con dos idiomas no afecta necesariamente a este proceso. Para desmontar este mito se han llegado a hacer estudios en niños bilingües diagnosticados con un retraso del lenguaje y el resultado fue que su adquisición del idioma avanzaba al mismo ritmo que la de los niños monolingües también diagnosticados con un retraso del lenguaje. Hace algunos meses en una visita a Urgencias con el muso, la pediatra le oyó hablando con la tía y nos preguntó: “¿Habla a pesar de que le habléis en dos idiomas? porque yo tengo un nieto al que solo le dejan ver la tele en inglés y claro, no habla. Y se lo tengo dicho a mi hijo, que así no va a hablar nunca, que dejen de liarle con dos idiomas y ya verán como empieza a hablar”. Nuestra respuesta fue que la madre del muso a los 4 años aún hablaba tan mal que nadie más que la tía podía entenderla y en casa solo se hablaba español; cosas que pasan. (Mientras tanto el muso gritaba por detrás: “¡el orinal, el orinal!” dejando claro que hablar, hablaba).
  • Los niños bilingües mezclan los idiomas: Yes, lo hacen, sobre todo al principio. Pero el hecho de mezclar idiomas es tan inevitable como inofensivo. Muchos adultos bilingües también lo hacen simplemente porque prefieren como suena una palabra o expresión en un idioma concreto aunque sepan decirla en ambos. En los niños la “mezcla” sucede porque cuando empiezan a hablar no conocen el mismo número de palabras en los dos idiomas y rellenan los “huecos” diciéndolas en el idioma en que las saben o porque les resulta más fácil pronunciarlas en un idioma concreto. Lo que hemos observado nosotros es que el muso elige prácticamente siempre la palabra con menos sílabas fonéticas, así que aunque sepa decir las dos prefiere usar push  a empujar, happy  a contento, fox a zorro  o, su favorita, delicious  a delicioso (para él todo es delicious o un ajco). Lo mismo al revés, sabe decir disgusting pero el 99% de las veces prefiere decir asco, por razones obvias.
  • Los niños bilingües se pasarán toda su vida teniendo que traducir entre el idioma predominante y el secundario: los niños bilingües no traducen, incluso aquellos que no llegan a hablar el segundo idioma y a los que se conoce como bilingües receptivos (entienden el segundo idioma pero apenas lo hablan) no necesitan traducir, su cerebro procesa la información en cualquiera de los dos idiomas porque han crecido recibiendo información en ambos. Lo mismo sucede con quien aprende el idioma de adulto, alcanzado un nivel de dominio del idioma las traducciones mentales entre un idioma y otro son mínimas. Hace muchos años la tía y la madre vivían en Londres y dormían en literas (¡qué tiempos de penurias, aquellos!), como la tía suele hablar en sueños estaba acostumbrada a que la madre la despertara (de bastante malos modos) para que se callara. Una noche la madre dio el grito de aviso habitual y cuando la tía contestó medio dormida aún: “ya me callo” la madre contestó: “¡Que estás soñando en inglés!” y fue un momentazo histórico, la tía había dejado de traducir.
  • Si solo le dejas ver la tele en inglés, lo aprenderá él solo: esta afirmación vuelve a estar muy de moda desde que alguna actriz hollywoodiense dijera hace poco que ella solo dejaba a sus niños ver la tele en español para que de algo malo sacasen algo bueno; lo que omitió es que probablemente sus hijos tengan una niñera española y algún profesor que son los que realmente les están enseñando el idioma. Todos los estudios realizados coinciden en que para que el aprendizaje de un idioma se produzca es imprescindible el intercambio humano, la tele por si sola no sirve; los niños pueden repetir alguna palabra suelta pero eso será todo. Para que un niño aprenda un idioma debe estar expuesto a al menos una persona hablándole en ese idioma durante un 30% del tiempo que pasa despierto, así que antes de que naciera el muso la tía tuvo que hacer deberes; buscar y memorizar canciones infantiles, hacerse listas de vocabulario desconocido hasta entonces (chupete, babero, sonajero…), y, un recurso imprescindible para aquellos que os lo estéis planteando, adquirir una “biblioteca” considerable de cuentos en inglés. Cuando es una persona sola la encargada de proveer esas 4 horas diarias de idioma, poder leerle en inglés y comentar los cuentos facilita mucho la tarea (normalmente los bebés suelen tener una conversación bastante limitada).

Damos fe de que proponerse criar a un niño en dos idiomas es una tarea durísima sobre todo al principio y mucho más si en casa solo se habla uno. Eso supone que alguien hable constantemente en un idioma que no es el suyo y que lo haga además con un interlocutor que no contesta y que cuando comienza a hacerlo lo hace en el idioma “primario”. Hay que armarse de mucha paciencia y perseverancia .

A lo largo de estos dos años largos han sido varias las ocasiones en las que la tía se planteó tirar la toalla; sobre todo en el año que va desde el 1 hasta los 2; el muso comenzaba a entender frases y reaccionaba en consecuencia pero cuando le hablaba la tía muchas veces se quedaba parado mirándola con cara de WTF?, y a eso se le sumaban los concursos de resistencia; el muso aprendía una palabra nueva en español y cuando se la decía a la tía y ella la repetía en inglés, el muso decía que no (¡para una palabra que se sabía seguro!) y la volvía a decir en español, y la tía en inglés y así podían estar ad infinitum: Muso: “Caracol”.  Tía: “yes, that is a snail”.  Muso: “No, caracol”.  Tía: “yes, but in english it’s said snail”.  Muso: “¡No! caracol”.  Tía: “yes, and also snail”… y dale la mula al trigo.

Además siempre está el miedo de que ocurra lo que pasa en bastantes de las casas en las que solo una persona habla el segundo idioma, el niño empieza a evitar a aquel que le habla en el idioma secundario porque le supone más esfuerzo relacionarse con él/ella. Por suerte a nosotros no nos ha pasado en ningún momento, ni siquiera cuando vivíamos separados y el bilingüismo se limitaba a sesiones de un día por semana y conversaciones telefónicas diarias, pero desde el principio establecimos que si en algún momento empieza a pasar, bye bye inglés en casa.

Y un último consejo importantísimo si estáis en nuestra situación y os vais a poner ello, comenzad a tomar AMiPlin antes de salir de casa. Ir por la vida siendo española residente en España y hablándole a un niño en inglés hace imprescindible esta medicación. Conversación tipo mantenida con absolutos desconocidos muy MUY a menudo: Absoluto Desconocido Perdona pero ¿tú eres española, no?”.   Tía: “Sí”.   Absoluto Desconocido: “¿y le hablas al niño en inglés?“.   Tía: “Sí”.   Absoluto Desconocido: “¿y eso, por qué?” 

Como dice una buena amiga, ¡mátame camión!

Pero todas las frustraciones e “incomodidades” se olvidan cuando se piensa en los numerosos beneficios que puede obtener y sobre todo cuando se tiene a un muso que un buen día empieza a decir “Good night, Auntie! I love you”.  ¡Ese día sientes que moviste montañas!

Si vivís una realidad lingüística similar a la nuestra o si estáis planteándoos vivirla, nos encantaría que os pusieráis en contacto con nosotros en elproyectoalegria@gmail.com. (Los AMiPlin a granel salen mucho más baratos ;-))

pajarito spanglish

“You’re off to Great Places!
Today is your day!
Your mountain is waiting,
So… get on your way!” 

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