Trucos para conseguir hacer lo que nos proponemos hacer.

Concentrar la dispersión.

Cuando se tienen muchos proyectos e intereses y, básicamente, una personalidad Scanner, es habitual tener además un modus operandi bastante caótico; aprendemos a tejer y aunque lo estemos disfrutando muchísimo y hayamos decidido que vamos a tejer un gorro para Juan, otro para Rosa y otro para Lola, el segundo gorro se queda a medias porque empezamos a hacer broches de fieltro y es que nos ha llegado el pedido de materiales que hicimos y no nos podemos resistir. Qué gozada es hacer broches, qué gustazo vérselos puestos a alguien; en cuanto termine el de Ana voy a hacer uno para Rosa, que es muy de llevar broches, otro para Carmen, que le va a encantar, otro para… ¡Uys! pinturas en oferta, ¡con las ganas que tengo yo de hacer un mural en mi habitación!

¿A alguien le suena?

En el Proyecto Alegría nos hemos juntado 3 perfiles (y medio) que encajan cómodamente en el ejemplo anterior así que para paliar los efectos segundarios de estas maravillosas personalidades nuestras hemos ido recabando algunos trucos y recetas que aunque simples y obvios solemos olvidar pero que si los aplicamos nos permiten seguir siendo como somos sin que eso signifique dejar (demasiadas) cosas a medias. Los hemos juntado en esta pequeña lista, sentíos libres de probarlos, usarlos y aprovecharlos y si conocéis alguno distinto, ¡compartidlo!

– El Number One, la madre de todos los trucos de esta lista se llama: Deadline; o lo que es lo mismo, una fecha de entrega.

Cuando nos comprometemos con alguien no tenemos problema en hacer los gorros o broches prometidos, ¿verdad? No es que sea la purga de Benito, la dispersión se adueña de nosotros a ratos como es de esperar pero independientemente de cuánto nos dispersemos los días previos, si tenemos que quedarnos despiertos hasta las tantas la noche antes de la fecha de entrega, nos quedamos, y cuando llega el día D y la hora H las cosas están hechas. Así que parece lógico que una buena solución sea ponernos fechas (y cumplirlas).

Podemos ser tan exhaustivos como para ponernos tareas diarias (lunes: 1 gorro / martes: 2 broches / miércoles: 1 gorro y buscar ideas para el mural…) o un poco más “abiertos” y ponerlas semanales (de aquí al domingo habré hecho 2 gorros, 3 broches y dibujado en papel lo que quiero pintar en mi mural) o incluso mensuales; qué sistema funciona mejor depende de cada uno porque en los casos de dispersión más agudos parecería recomendable el diario pero siendo así de disperso igual uno no soporta tanta rigidez y decide abandonar antes de haber terminado la primera semana. Así que es cuestión de probar qué periodicidad nos va mejor.

Es imprescindible eso sí que los propósitos queden por escrito y que los colguemos en algún lugar visible para que nos sirva de recordatorio y a la vez nos anime cuando vayamos viendo que los vamos cumpliendo.

Si eres propenso a hacerte trampas a ti mismo existe una receta genial; crear una red de apoyo. Forma un pequeño grupo (con un par de personas más es suficiente) y estableced una fecha para reuniros que puede ser semanal o quincenal (aunque sea vía Skype); en esa reunión cada uno compartirá qué proyectos quiere comenzar o qué le gustaría hacer y os comprometeréis con los demás a tenerlo listo para la siguiente reunión o si el proyecto es a más largo plazo (escribir un libro, componer una canción, reorganizar todo el trastero…) os comprometéreis a tener lista una parte dejando clara qué parte será (por ejemplo un capítulo del libro). Estas reuniones os ayudarán a cumplir vuestros objetivos y además serán una gran fuente de motivación y energía creativa.

Contarle a alguien tus objetivos y la fecha que te has fijado para cumplirlos facilita el que efectivamente lo hagas, “defraudar” a los demás nos resulta menos apetecible que “fallarnos” a nosotros mismos.

Microbloques de tiempo o lo que puede dar de sí un ratito diario. Muchas veces aparcamos tareas hasta que “tengamos más tiempo”. ¿Ponerme a tejer un gorro ahora? Al niño le queda de siesta media hora máximo y en media hora no lo acabo, así que mejor me pongo a buscar inspiración por internet (o a ver cómo les va a todos mis amigos y conocidos de Facebook). Y así puede pasar una semana o un mes o varios meses, porque los grandes bloques de tiempo tardan en llegar o directamente nunca llegan.

Hace tiempo leímos el caso de una madre de 3 niños pequeños que además trabajaba fuera de casa y que siempre había querido ser escritora; los años pasaban y cada vez parecía más improbable que pudiese conseguirlo nunca, ¿cuándo iba a poder disfrutar de varios meses sabáticos para poder escribir un libro? hasta que un día decidió no postergarlo más y hacer lo que quería hacer a pesar de que sus circunstancias no fuesen las idóneas, así que empezó a levantarse 15 minutos antes todas las mañanas y a dedicar esos 15 minutos diarios a escribir; un año más tarde el libro estaba terminado (y fue publicado por una editorial). Desde entonces hemos leído sobre bastantes más casos de personas que han logrado completar grandes tareas y proyectosde esta manera y además han ido apareciendo guías y manuales sobre cómo aplicar el llamado sistema de los microbloques de tiempo.

Planteátelo de esta manera: hacer un gorro dedicándole solo 15 minutos al día te puede llevar un par de semanas en vez de las 4 o 5 horas que te llevaría hacerlo sin interrupciones, pero esperar a tener las 4 o 5 horas seguidas que te llevaría tejerlo podría significar que el gorro no esté hecho hasta dentro de 2 meses.

Orden; muy importante para esta causa nuestra, aunque sea un orden relativo, personal e intransferible; porque lo que suele suceder es que como abandono el tejer gorros súbitamente para ponerme con otra cosa, los materiales se quedan en el último sitio en el que los usé hasta que tras unos días de verlos danzando por casa sin oficio ni beneficio decido meterlos en algún recóndito lugar o, peor aún, los “traspapelo”. Esto hace más difícil que cuando nos acordamos del gorro para Juan aún a medio tejer nos pongamos a acabarlo porque, puffff… las lanas están en algún cajón, el telar… vaya usted a saber dónde lo dejé, las anotaciones con los puntos… no estoy segura de si llegué a anotarlas alguna vez… y total, para lo que queda de invierno… O tal vez suceda que ahora podría usar uno de esos minibloques de los que hablábamos antes y acabar de pintar eso que dejé a medias, pero… las pinturas están en algún lugar recóndito del trastero y no sé dónde puse las brochas así que aún si consigo vencer la pereza de buscarlas, para cuando reúno todos los materiales ya no me queda ni un minuto para utilizarlos.

Tener los materiales agrupados por “especie” y todo lo a mano que nos sea posible hace que resulte mucho más fácil retomar las tareas que dejamos aparcadas y por tanto que acabemos lo que se quedó a medias o que podamos comenzar (y terminar) lo que queremos hacer además de aprovechar mejor nuestro tiempo. Hay que evitar darle excusas a la pereza y argumentos a la dispersión.

La caja de bombillas. Algo habitual que suele sucedernos es que se nos ocurren tantas ideas y nos surgen tantos intereses que no podemos evitar estar saltando de unos a otros por miedo a perder el momento de inspiración. Cuando hacemos esto lo que sucede es que acabamos por no hacer nada o por hacer muchas cosas a medias. La solución es conseguir una caja donde guardar todas esas ideas brillantes. Cada vez que surja alguna mientras estamos haciendo otra cosa, la anotamos en un papel y la metemos en la caja y una vez hecho esto continuamos con lo que estábamos haciendo (y si al cabo de un rato se nos ocurre algo más relativo a esa idea ya guardada, abrimos la caja y anotamos la nueva revelación). De este modo tenemos la certeza de que esos momentos de inspiración no se desperdiciarán y de que nos están esperando a buen recaudo y esto nos ayuda a no perder el foco en lo que estamos haciendo y a terminarlo.

Hay que tener en cuenta que las ideas brillantes suelen tener una esperanza de vida bastante corta, si esperamos demasiado para llevarlas a cabo puede que cuando leamos nuestras notas no sepamos ni de qué estábamos hablando ni qué estábamos pensando cuando decidimos que esa idea era digna de la caja de las bombillas, así que tan pronto como acabes con el proyecto que tienes entre manos, recupéralas y ponlas en marcha.

Desagobiarnos.

La gente creativa es particularmente susceptible a agobiarse y eso sucede porque su forma de pensar no es estructurada ni tampoco tienen muy buena noción del tiempo (dos de los factores que favorecen el poder ser creativo). Así que aunque pueden ver cuáles son las cosas necesarias para llevar un proyecto a cabo no son capaces de enmarcarlas en una secuencia estructurada ni temporal y la sensación que tienen es que hay que hacerlo todo a la vez y hay que hacerlo ya. Así que nos agobiamos y abandonamos o no abandonamos pero cuando nos damos cuenta llevamos un buen rato viendo vídeos en youtube, o la tele o wassapeándonos con alguien (por eso el agobio se confunde muchas veces con pereza o vaguería) cuando habíamos decidido que hoy íbamos a hacer X. El agobio no es más que combustible para nuestra dispersión.

La mejor forma de evitar agobiarnos es “trocear” nuestros proyectos; si quiero pintar un mural en la habitación no me lanzo como una hidra a la tarea para luego dejar la pared a medio pintar sino que hago una lista como esta: 1 – bocetar en papel lo que quiero dibujar, 2 – hacerme con los materiales, 3 – organizarlos en casa para tenerlos a mano y poder usar fácilmente los ratos que vaya teniendo para pintar, etc. Y si aún así te pillas remoloneando en vez de estar haciendo lo que te habías propuesto, trocéalo aún más. Es señal de que ese paso del proyecto te agobia. ¿Qué es lo que ibas a hacer cuando te has puesto a mirar Facebook? ¿organizar los materiales en casa? pues haz pedacitos ese plan de tal forma que cada trocito no te lleve más de una hora: 1 – Conseguir una caja para almacenar los materiales.  2 – Decidir la mejor ubicación para guardar la caja.  3 – vaciar la balda de la estantería donde he decidido que irá la caja.  4 (y 5) – reubicar lo que quite de la estanteria.

Otro truco sencillo que ayuda a aliviar nuestra sensación de agobio: hazte con un diario o libreta y empieza a apuntarlo todo; los trozos en los que has dividido el proyecto, sitios o blogs donde recabar información, tiendas donde conseguir materiales… de este modo nuestra cabeza estará libre para pensar y crear en vez de estar ocupada almacenando información y tratando de recordarla.

Para llevar cualquiera de estos remedios a cabo es importante la autodisciplina, no vale de nada proponernos y prometernos cosas si luego no las cumplimos, así que oblígate a ser disciplinado pero también prémiate cuando consigas lo que te habías propuesto; puedes incluso anotar en tu planning qué premio te darás si cumples tus objetivos (si al final del día he cumplido con mi planning tomaré de postre mi helado favorito; si cuando llegue el domingo he hecho todo lo que me había propuesto hacer esta semana me tiraré a leer dos horas seguidas en el sofá…). Si vas a ser tu propio jefe, ¿por qué no ser uno bueno?

to do list

To Do List cortesía de squid-bits.blogspot.com

El aumento de autoestima, la autodisciplina que se aprende y el caracter que uno se construye tras haberse fijado y cumplido un objetivo son más valiosos que el hecho mismo de haber cumplido ese objetivo.

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