Tenerlo claro

Quiero ser todo lo que soy

 

A los 18, si no es posible hacerlo antes, el sistema educativo y la sociedad en general esperan que tengamos claro qué queremos hacer por el resto de nuestra vida; a esa edad tenemos que elegir a qué vamos a dedicarnos por siempre jamás y tenemos que elegirlo teniendo en cuenta no solo nuestros gustos, talentos y capacidades sino además y sobre todo la demanda existente en el mercado laboral, el rango salarial de este y aquel sector, la situación económica familiar (¿pueden costearme en casa 7 años de estudios, un master en Harwell y un internship en Oxwell?), nuestras ambiciones personales (yo de mayor quiero ser jefe) y las de los que nos rodean (abogado como papá), y empezar a dar los pasos que nos llevarán a ese futuro “elegido”.

El que nace teniendo una vocación clarísima no tiene ningún problema, claro, el problema lo tienen los que no sabiendo qué va a apetecerles hacer mañana tienen que decidir qué van a hacer todos los días de su vida hasta que la jubilación, si llega, les separe. El periodo de reflexión suele ser angustioso e infructuoso así que solemos acabar eligiendo el mal que pinta menos malo, el que pinta más lucrativo o dejando que alguna ambición ajena elija por nosotros. Resultado: unos cuantos años de estudios frustrantes, un título que te titula pero no te representa y una actividad profesional con la que no soñaste nunca y con la que ahora tienes pesadillas.

Pero… haber elegido mejor. Ya se te advirtió de que eligieras bien porque había una única oportunidad, que al futuro se avanzaba yendo en línea recta. Así que ya lo ves, no hay vuelta atras. Tu presente será tu futuro. Agoniza en paz.

¿En serio?

La distancia más corta entre dos puntos es la línea recta. Noción utilísima y que conviene tener muy en cuenta cuando se tiene prisa; ahora bien, si el punto en cuestión al que nos dirigimos es el futuro, y esa peli yo la vi y al final del futuro <<SPOILERS>> la palmaba todo el mundo, ¡¿cuál es la prisa?!

A los lados del camino existen tantas opciones y posibilidades como nos atrevamos a explorar. A los lados del camino está el camino mismo, con curvas, valles, baches, paisajes imprevistos, compañeros inexperados, experiencias excitantes y enriquecedoras y aprendizajes de un valor incalculable. Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

En las escuelas nos hablan de Leonardo Da Vinci, pintor, anatomista, arquitecto, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista,  de Thomas Jefferson, presidente de los Estados Unidos, horticultor, paleontólogo, arqueólogo, arquitecto, inventor y músico, y de tantas otras figuras históricas y contemporáneas que destacan en varios campos mientras nos preparan para elegir una única opción bajo el lema de que el que mucho abarca poco aprieta. Nos educan para que elijamos una etiqueta “médico”, “administrativo”, “músico”… y nos amoldemos para encajar en ella. De este modo todo el mundo sabrá qué somos (quién somos no es relevante porque somos la tira de gente), dónde situarnos y qué puede esperar de nosotros.

El sistema obvia que hay personas genéticamente condicionadas a perseguir diversos intereses, hombres y mujeres (con una personalidad llamada polímata o renacentista) que simplemente no son capaces de centrarse en un solo campo y no deberían hacerlo si no quieren ser desgraciados y escamotearnos sus talentos a todos ¿qué habría pasado si Da Vinci se hubiera sentido obligado a elegir una única opción y hubiese decidido ser solo botánico?

A este tipo de personas se les empieza a conocer como Scanners (exploradores). Los Scanners son hombres y mujeres con intereses múltiples; aman aprender, su cerebro suele trabajar rápido y constantemente están “explorando” el horizonte en busca de nuevos proyectos y aprendizajes ya que tienen cierta tendencia a aburrirse si pasan mucho tiempo haciendo lo mismo. Necesitan hacerse eco de sus inquietudes, experimentar, probar y aprender cosas nuevas.

Como contrapartida muchas de estas personas viven en un permanente estado de frustración o apatía ya que no pueden quedarse con una actividad solo como creen que deberían y tienen la sensación de no acabar nunca nada de lo que empiezan; se apuntan a clases de guitarra y una vez que son capaces de tocar un par de canciones deciden que quieren aprender a bailar, cuando consiguen cierta soltura descubren un blog sobre restauración de muebles y quien probar, así que durante un tiempo no paran de ver tutoriales sobre el tema; una vez recuperada la vieja cómoda de la abuela se topan con las infinitas posibilidades de la repostería y  hacen engordar varios kilos a familiares y amigos hasta que un buen día leen un artículo sobre horticultura…. ummmm… cultivar tus propios tomates… y ya tienen un nuevo objetivo.

Estos exploradores frustrados son los que aún no saben que el objetivo de su “ansia exploradora” no es llegar a ser un guitarrista famoso, montar una exitosa pastelería o ganar un concurso de baile; sus proyectos NO se quedan inacabados porque el objetivo que persigue su mente cuando los inicia es la experiencia misma que les proporcionará, el aprendizaje, las nuevas posibilidades que se presentan cuando uno inicia un camino desconocido, las personas que nos encontraremos al andarlo y a las que no habríamos conocido de no hacerlo, las vivencias, los talentos que emergerán y que seremos capaces de aplicar en cualquier otra faceta de nuestra vida, el placer de vivir, hacer y ser.

Una vez que uno descubre esta premisa automáticamente deja de limitarse y se olvida de etiquetas y de encajar para empezar a ser quien realmente es y para poder llegar a ser todo lo que podría ser.

Habiendo una vida sola y uno solo de cada uno de nosotros (¡eres únic@ e inigualable!), si dedico mi vida a ser otra persona ¿quién hará de yo?

Exploradora

“No sabiendo qué ser elegí ser feliz”

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4 comentarios en “Tenerlo claro

  1. Raquel dijo:

    Muy interesante, comparto totalmente el refrán: Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Ojala mucha gente viera la vida de este modo, disfrutara del camino y no agobiandose por llegar siempre a algún lugar/meta.

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