Entonteciéndonos

¿Escolarización o Educación?

 

J.T.Gatto, un maestro de Nueva York con 30 años de docencia a sus espaldas y tras haber recibido 3 veces consecutivas el galardón al “Mejor Profesor del Año”, abandonó su carrera como profesor manifestando públicamente lo siguiente: “He enseñado en la escuela pública durante muchos años pero ya no puedo hacerlo más. Durante años pedí al Consejo de Educación local y al Superintendente que me dejaran enseñar un currículum que no hiciese daño a mis alumnos, pero ellos tienen otras cosas en que ocuparse. Así que voy a dimitir, ya no estoy dispuesto a seguir dañando a los niños”.

Es autor de varios libros sobre su experiencia como educador llenos de sugerencias para cambiar el sistema educativo, tal vez el más leído de ellos sea el que lleva por título “Dumbing us down” (Entonteciéndonos). Lamentablemente (aunque no sorprendentemente) ninguno de sus libros se ha editado en español. Su crítica se centra en el modelo educativo estadounidense pero es fácilmente extrapolable a todos los países.

Una “foto” general de las ideas del Sr. Gatto se puede obtener leyendo el siguiente extracto del discurso que dio en la entrega de su tercer (y último) premio consecutivo al “Mejor Maestro del Año”.

“{…} La verdad es que las escuelas no enseñan nada salvo a obedecer órdenes. Aunque los profesores se preocupen y trabajen duro, la institución es psicopática – no tiene conciencia. Suena la sirena y el joven que se encontraba absorto escribiendo un poema debe cerrar su cuaderno y cambiar de aula para memorizar que el hombre y el mono derivan de un ancestro común.

 Hemos de entender que la institución educativa “escolariza” muy bien, pero no “educa”. No es culpa de malos profesores o de que se invierta poco dinero, es que es imposible que la educación y la escolarización puedan llegar a ser alguna vez la misma cosa.

 Las escuelas fueron diseñadas para ser instrumentos de la dirección científica de las masas. Las escuelas están diseñadas para producir, a través de la aplicación de fórmulas, seres humanos estandarizados cuyo comportamiento pueda ser predecible y controlado.

En gran medida, las escuelas han cumplido su objetivo. Pero nuestra sociedad se está desintegrando .Lo que produce la escuela es, irrelevante. Las personas bien-escolarizadas son irrelevantes. Pueden vender películas o cuchillas de afeitar, recoger papel reciclado, trabajar como teleoperadores o trabajar con un ordenador, pero como seres humanos son inservibles. Completamente inservibles para los demás y para si mismos.

 La miseria diaria a nuestro alrededor está causada en gran medida por el hecho de que forzamos a los niños a crecer en el absurdo. Es absurdo y anti-vital ser parte de un sistema que te obliga a sentarte en lugares recluidos para gente de la misma edad y clase social que tú. Ese sistema te aparta radicalmente de la inmensa diversidad de la vida y de las sinergias de la variedad, de hecho castra tu propio ser de la misma manera en que lo hace la televisión.

 Porque es absurdo y anti-vital ser parte de un sistema que te obliga a escuchar a un extraño leyendo poesía cuando lo que realmente quieres es construir casas, o sentarte a discutir con un extraño sobre la construcción de casas cuando lo que realmente quieres es leer poesía. Es absurdo y anti-vital moverte de aula en aula al sonido de una sirena durante todos los días de tu infancia natural en una institución que no te permite ninguna privacidad y que incluso te la quita en el santuario de tu propia casa pidiéndote que hagas “deberes”.

 Dos instituciones controlan a día de hoy la vida de nuestros hijos: la televisión y la escuela, por este orden. Ambos reducen el mundo real de sabiduría, fortaleza, templanza y justicia hacia una abstracción sin final y sin frenos. En los siglos pasados los niños y adolescentes estaban ocupados con trabajo real, caridad real, aventuras reales, y en la búsqueda real de maestros que pudieran enseñarles lo que realmente querían aprender. Mucho tiempo al día se empleaba en tareascomunitarias, practicando el afecto mutuo, el entendimiento y estudiando cada nivel de la comunidad, aprendiendo cómo hacer una casa, y docenas de otras tareas necesarias para convertirse en un hombre o mujer íntegro.

 

Este es el cálculo del horario del que dispone cualquiera de los niños a los que yo enseño:

De las 168 horas que tiene la semana, tienen que dormir 56: lo que les deja 112 horas a la semana en las que formarse

Ven unas 55 horas de televisión a la semana de acuerdo a informes recientes; lo que les deja 57 horas a la semana en las que “crecer”

Tienen que ir a la escuela unas 30 horas a la semana, usando unas 6 horas más en prepararse e ir y volver a casa, más una media de 7 horas a la semana en deberes- en total hacen 45 horas de “escuela” a la semana. Durante este tiempo, están en constante vigilancia, no tienen tiempo ni espacio privado, y son reñidos si tratan de adaptarse individualmente al uso del espacio y tiempo

Esto deja 12 horas a la semana para crearse una conciencia de si mismos individualizada

Por supuesto mis alumnos también comen y eso resta algo de tiempo, aunque no mucho, la verdad, porque como hemos perdido la tradición de la comida familiar, entre comidas y cenas no deben ser más de 3 horas a la semana:

Así llegamos a la cantidad neta de tiempo privado para cada niño de 9 horas a la semana.

No parece suficiente, ¿verdad?. Cuanto más rica es la familia del niño, menos televisión ve pero más tiempo gasta en otros entretenimientos comerciales además de su inevitable inclusión en una serie de formación complementaria que raramente corresponde a la libre elección del niño.

 Todas estas cosas son curiosamente una forma solapada de crear seres humanos dependientes, incapaces de llenar su tiempo libre, incapaces de iniciar caminos que le den un significado sustancioso y feliz a su existencia. Esta dependencia y falta de objetivo son una enfermedad nacional y creo que la escolarización y la televisión son las culpables de ello: drogas narcotizantes, competición desenfrenada, sexo recreativo, Juego, alcohol, pornografía de la violencia y la peor pornografía de todas: vidas dedicadas a comprar cosas, la acumulación como filosofía de vida.

 Todas ellas son adicciones de personalidades dependientes, y esa es la marca que deja inevitablemente la escolarización.

 

Quiero contaros el efecto que produce en los chicos el hecho de quitarles todo su tiempo – el tiempo que necesitan para desarrollarse como seres humanos – y el hecho de que les forcemos a gastarlo en abstracciones. Tenéis que escuchar esto, porque ninguna reforma educativa que no ataque estas patologías específicas llegará a ser nada más que un lavado de cara.

 1. Los niños a los que enseño son indiferentes al mundo adulto. Esto desafía la experiencia de miles de años. Un observación intensiva de lo que “los mayores” hacían siempre fue una de las más excitantes ocupaciones de los jóvenes, pero nadie quiere crecer en estos días, ¿y quién les puede culpar por ello?.

 2. Los niños a los que enseño apenas sienten curiosidad y la poca que muestran es transitoria, no pueden concentrarse durante mucho tiempo, ni siquiera en lo que ellos mismos quieren hacer. ¿Podéis ver la conexión entre las sirenas sonando una y otra vez para cambiar de clase y este fenómeno de atención evanescente?

 3. Los niños a los que enseño tienen un pobre sentido del futuro, de cómo el mañana está indefectiblemente unido al presente. Viven en un presente continuo, el preciso momento en el que se encuentran es el límite de su conciencia.

 4. Los niños a los que enseño son a-históricos, no tienen conciencia de cómo el pasado ha dado forma a su propio presente, limitando sus elecciones, moldeando sus valores y sus vidas.

 5. Los niños a los que enseño son crueles entre si, Muestran falta de compasión ante los infortunios, se ríen de las debilidades ajenas, mientras aprenden a esconder las suyas, y muestran desprecio por aquellos que no ocultan su necesidad de ayuda.

 6. Los niños a los que enseño no están cómodos ante la intimidad y la franqueza. No soportan la verdadera intimidad debido a la costumbre de fingir y pasar poco tiempo conectados realmente con otras personas, van formando su personalidad en base a trozos y partes de comportamientos prestados de la televisión o adquiridos para manipular a sus profesores o cuidadores; y puesto que no son quienes dicen o pretender ser, y el disfraz se cae en la intimidad, las relaciones íntimas se evitan.

 7. Los niños a los que enseño son materialistas, siguiendo la estela de sus maestros que materialistamente “gradúan” todo -y sus tutores televisivos que ofrecen todo lo imaginable por un “precio”.

 8. Los niños a los que enseño son dependientes, inseguros, pasivos, y tímidos ante la presencia de nuevos desafíos. Esto es a menudo ocultado mediante actos de bravuconería, enfados y distintas formas de agresividad que en el fondo solo expresan un vacío sin fortaleza interior.

 

Podría hablar de otras cuantas condiciones que una reforma de la escolarización tendría que afrontar si nuestro declive pretendiera detenerse, pero por el momento ya habéis comprendido mi postura, tanto si estáis de acuerdo con ella como si no.

 ¿Qué hacer? Necesitamos un feroz debate nacional que no decaiga, día tras día, año tras año. Necesitamos gritar y discutir sobre este modelo de escuela hasta que se arregle o se retire de la circulación para su reparación, una cosa u otra.

Una reforma genuina es posible. Necesitamos volver a pensar en las premisas fundamentales de la escolarización y decidir qué es lo que queremos que los niños aprendan y por qué. Durante 140 años esta nación ha tratado de imponer objetivos de arriba a abajo desde los altivos puestos de mando centrales. No ha funcionado. No va a funcionar.

 No funciona porque sus premisas fundamentales son mecanicistas, anti-humanas, y hostiles a la vida familiar. Las vidas pueden ser controladas por la maquinaria educativa pero siempre se revolverán con las armas de la patología social: drogas, violencia, auto-destrucción, indiferencia y todos los síntomas que veo en los niños que educo.

 Ya es hora de que miremos hacia atrás para recobrar una filosofía educacional que funcione. Una que me gusta especialmente fue la favorita de las clases dirigentes europeas durante miles de años. La utilizo tanto como me lo permite mi condición de profesor dentro de la institución de la escolarización obligatoria. Funciona tanto para los niños pobres como para los ricos. En el núcleo de este sistema está la creencia de que el auto-aprendizaje es la única base del verdadero aprendizaje.

 Necesitamos crear un curriculum donde cada niño tenga la oportunidad de desarrollar su individualidad y su autoconfianza. Tenemos que devolver a los niños tiempo libre desde ya mismo porque esa es la clave para el auto-aprendizaje, y debemos reintroducirles en el mundo real tan rápido como sea posible para que el tiempo libre pueda ser gastado en algo más que abstracciones. Es una emergencia, requiere una drástica acción de corrección -nuestros niños están cayendo como moscas dentro de la institución escolar.

 ¿Qué más necesita un sistema escolar reestructurado?

Necesita que deje de ser un parásito del trabajo de la comunidaden la que se inserta. De todas las páginas escritas en la contabilidad de la historia solo existe una entrada donde se recluya a nuestros jóvenes con cargo al contribuyente y no les pidamos nada a cambio al servicio del bien común. Llego incluso a creer que necesitamos hacer de los servicios a la comunidad una parte importante de la enseñanza escolar. Además de la experiencia enriquecedora que supone trabajar de forma no egoísta, es la forma más rápida de dotar a los jóvenes de responsabilidades reales en la vida corriente.

 Pero ninguna reforma a gran escala va a funcionar de forma que permita recuperar a nuestros jóvenes ya dañados ni a nuestra sociedad enferma hasta que impongamos abiertamente la idea de que la escuela debe incluir a la familia como motor principal de la educación. La forma de devolver la salud a la educación es que nuestras escuelas se liberen del dominio absoluto de las instituciones sobre la vida familiar, es promocionar durante el tiempo de escolarización confluencias de padres e hijos que fortalezcan los lazos familiares.

 Tengo muchas ideas para formular un curriculum familiar y estoy seguro que muchos de ustedes también las tienen. Nuestro mayor problema para conseguir que una vez popularizada esta forma de pensar se reforme el sistema en base a ella, es que existen unos intereses creados que se apropian de antemano de estas ideas para que al final la escuela continúe como está, a pesar de la utilización de una retórica aparentemente contraria.

 Los expertos en educación nunca han tenido razón, sus “soluciones” son costosas, autocomplacientes, y siempre requieren mayor centralización. Ya hemos visto los resultados. Es hora de volver a la democracia a la individualidad y a la familia.

 Ya dije lo que quería decir. Gracias”  John Taylor Gatto

DeliberateDumbingDown

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