Tanto Tienes Tanto Vales

Querer Vs Necesitar o Costar no es lo mismo que Valer

 

El dinero sirve para comprar cosas. Hasta aquí todo claro. Lo que no parece estar tan claro es qué cosas ni para qué sirven esas cosas.

Dejando a un lado que la escala de prioridades de cada uno es como el patio de mi casa, particular, hay algunos básicos que nos aplican a todas las personas.

El psicólogo Abraham H. Maslow lo expuso de un modo muy gráfico, así que le vamos a coger prestada su famosa Pirámide de las Necesidades Humanas:

 

En la base de la pirámide figuran las Necesidades  FISIOLÓGICAS; que son todas aquellas cuya satisfacción es urgente e  impostergable más allá de un límite; el hambre, la sed, el cansancio, el sueño y  el apetito sexual (sí, está científicamente demostrado que es una necesidad  básica y que si no se satisface pasa lo que pasa, amén).

Les sigue la Necesidad de SEGURIDAD; esta  se satisface mediante aquello que nos garantiza la conservación de lo que hemos  conseguido en el escalón anterior, nos da tranquilidad, nos ayuda a conservar la  salud y nos hace sentirnos seguros: básicamente tener un sitio donde vivir (y en  el que guardar la comida, cocinarla, ducharnos, dormir…y  retozar)

Las dos primeras tienen que ver con la  supervivencia, las tres siguientes con el crecimiento personal:

Necesidades SOCIALES; interactuar con los demás,  sentirnos aceptados en el grupo, tener su afecto y compartir actividades con  personas afines a nosotros.

Necesidad de ESTIMA; aquí entran las de  carácter íntimo e individual, siendo la estrella: l’amourrrr (oh, la la! dos  escalones después del sexo); pero también forman parte de este grupo nuestro  deseo deseo de lograr éxito y prestigio y nuestra necesidad de reconocimiento  por parte de los demás.

Necesidad de AUTORREALIZACIÓN; conseguir la  satisfacción personal. Todo aquello que nos produce un sentimiento de triunfo e  incrementa nuestra autoestima.

De todas nuestras necesidades sólo las  relacionadas con la supervivencia cuestan dinero; cuánto dependerá de la escala  de prioridades de cada uno. Si elijo que con comer patatas con pollo ya me va  bien, necesitaré mucho menos dinero que si elijo comer angulas y solomillo; lo  mismo sucede con las del segundo grupo, esas necesidades las voy a cubrir igual  si elijo vivir en un apartamento en un barrio humilde o en un ático en un barrio  céntrico.

Lo importante aquí es el elijo,  y ese es precisamente el problema. Como vivimos en una sociedad de consumo, la  definición de aquello que realmente necesito se ha vuelto confusa, tan confusa  que hemos perdido la capacidad de elegir.

Ahora no elijo, ahora puedo comprármelo o no puedo comprármelo, mi solvencia elige por mi.

Este comprar y acumular sin elegir nos ha hecho  volvernos avariciosos, porque comprar las cosas que necesito más las que no  necesito sale caro.

Ha llegado a tal punto nuestra avaricia que la  mayoría de la gente está inconscientemente dispuesta a vender casi cualquier  cosa, incluyendo su propia vida, a cambio de dinero (y normalmente vendiendo muy  barato).

Por si tuviéramos poco con esta confusión generalizada sobre lo que es realmente importante y necesario, entran en escena los tres escalones de la pirámide siguientes, esas necesidades que si no tenemos cubiertas suplimos mediante la posesión de objetos que satisfagan nuestro ego, nos granjeen el “afecto” de los demás y hagan crecer nuestro status entre nuestro grupo.

Estamos jodidos.

En una vida basada en el dinero solo se da valor  al que lo tiene. Independientemente de que tu trabajo te haga desgraciado porque  no te permita cubrir tus necesidades sociales, afectivas o de autorrealización,  si ganas mucho dinero, eres un triunfador.

¡Te vas a quejar tú, que estás  forrado! Y no te quejas, ¿cómo te vas a quejar si además de mucho dinero tienes  la envidia, el respeto y la admiración de los que te rodean? Y si no ganas mucho dinero quieres ganarlo y ser tan desgraciadamente  rico y admirado y envidiado como tu vecino del 5º.

Decía Marco Aurelio (al que por algo llamaban “El Sabio”) que se preguntaba a menudo cómo podía ser posible que el hombre se  quisiera a si mismo más que al resto de los mortales y aún así le diera menos  valor a su opinión sobre si mismo que a la opinión que tuvieran los demás sobre  él.

Es realmente difícil cambiar el chip y darse  cuenta de que el valor de algo no tiene nada que ver con su precio; la ropa,  independientemente del nombre que ponga en la etiqueta, sirve para abrigarse en  invierno, protegerse del sol en verano y evitar ir a la cárcel por escándalo  público el resto del año; un coche sirve para desplazarse y punto; unas  vacaciones sirven para descansar y disfrutar, no para fardar de ellas con los  amigos; pasar tiempo con quien amas sirve para hacer que tu vida y las suyas  merezcan la pena y hacer aquello con lo que disfrutas, aunque aparentemente no  tenga ninguna utilidad, sirve para hacerte sentir inmensamente rico.

Sabiendo esto, nuestro objetivo está  absolutamente claro: queremos ser millonarios, millonarios low cost.

 

En el mundo existe suficiente riqueza para  cubrir las necesidades de todos los hombres, pero no para cubrir toda su  avaricia. Mahatma Ghandi

 

 

Anuncios

¡Nos encantará leerte!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s