Empezar por el principio

ÉRASE UNA VEZ LA FELICIDAD

 

La Doctora Sonja Lyuborminsky, que se licenció Summa Cum Laude en Psicología en Harvard y se doctoró en Psicología Social y de la Personalidad en Stanford (¡casi na’!), lleva más de 20 años realizando estudios científicos sobre la felicidad y sobre cómo desarrollarla. Sus investigaciones han sido distinguidas con varios premios y becas y también ha publicado varios libros con los resultados de sus estudios, el más conocido “La ciencia de la felicidad” ha sido traducido a 18 idiomas (y lo recomendamos mucho).

Uno de sus descubrimientos más importantes es el que consiguió establecer qué factores determinan la felicidad. Los estudios demostraron que el nivel de felicidad que puede experimentar cada individuo está determinado de la siguiente manera:

50% genético (la capacidad para la felicidad vendría a ser como la tasa metabólica o el Cociente Intelectual), 10% circunstancias (riqueza, situación sentimental…) y 40% voluntad.

Has leído bien, está científicamente demostrado que si te tocara la lotería mañana y de camino a las Bahamas te encontraras con Brad Pitt y él cayera rendido a tus pies, una vez pasado el subidón inicial, sólo conseguirías ser como máximo un 10% más feliz de lo que eres ahora. ¡Un mísero 10%!

No sé tú, pero nosotros que cuando se trata de cosas buenas tendemos al ansia, nos quedamos con el 40% que encima no depende de que se alinee ningún planeta, nos sonría algún astro, se apiade de nosotros la Diosa Fortuna o consigamos tirar nuestra ética por el water (pobre Angelina, ¡con 6 criaturas!).

Según la Lyuborminsky, un chute de felicidad equivalente a ganar 4 veces la lotería + tener a 4 Brad Pitt loquitos por nuestros huesos, está en nuestro mano. Y nosotros nos tenemos confianza.

Es cierto que sigue quedando el asunto del 50% grabado en nuestro código genético, pero como la Lyubominsky se apresura a aclarar: “sólo porque tu genética no se pueda cambiar no significa que no puedas cambiar tu nivel de felicidad”.

Y añadimos: igual que alguien que por herencia genética tiene predisposición a generar colesterol y puede elegir cuidar su alimentación para estar más sano, el que venga de fábrica con el vaso medio vacío puede elegir hacer uso de su poder para rellenarlo. ¡Un 40%!

Haz mentalmente el dibujo del  vaso medio vacío y ve añadiéndole un 40% más del líquido que prefieras, así a ojo. ¿Qué?, ¿a qué sale un buen vaso?

Pues allá vamos, ¡a la conquista del 40%!

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2 comentarios en “Empezar por el principio

  1. Endless dijo:

    Pues mira, si puedo, esta misma semana voy a comprar el libro. Sé que no cambiará mi vida una vez leído e igual me acabo cansando de él y lo dejo arrinconado por casa (como me suele pasar con todos los de autoayuda o similares), pero he estado leyendo acerca de él y me parece una buena compra para ayudarme a cambiar algo que llevo tiempo queriendo cambiar 🙂

    Gracias por la recomendación. ¡Un saludo!

    Me gusta

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